Una moda escalofriante: suicidarse, o intentar hacerlo, por Facebook. En ocasiones gritando de desesperación en el propio muro virtual y pasando desapercibidos, y otras, por la vengüenza. Este es el caso de dos adolescentes, “víctimas” del choque entre la realidad virtual y la vida real: un binomio que los jóvenes hoy día saben separar cada vez menos, y que los mismos adultos parecen infravalorar. En este conflicto tienen lugar hechos tan extremos como estos ocurridos ayer en San Donà di Piave, en Genova.
Luca Furlan decide suicidarse y lo anuncia en Facebook. Dos horas más tarde acaba con su vida. Sólo tenía 17 años. Nadie encontró la manera de detenerlo o de ayudarlo, ni siquiera en la Web. “Se acabó, estoy harto de todo – escribió en su perfil-. Ya no confío en nadie, me da asco vivir así y ya no hay nada que hacer. Solo pido una cosa a las personas que me quieren: nunca os olvidéis de mí”.
Y nadie lo hará. Muchos fueron los amigos que contestaron a su último y desesperado deseo de vencer esa maldita soledad que lo atormentaba. Un mensaje con foto, como se hace en estos casos; una foto en la que aparece con el rostro algo serio, una camiseta azul y el pelo largo. Hoy todos se preguntan por qué no comprendieron la inminente tragedia. Una doble tragedia para aquellos que ha salpicado de cerca.
Rozaba los 14 años de edad y era un estudiante modelo, una media muy alta la de este joven que ayer intentó suicidarse en Génova. Otro chico frágil, tanto, que tras una riña con sus padres se tiró por la ventana de su habitación, en una de las zonas residenciales más elegantes de la ciudad.
Una caída de decenas de metros que hubiera sido letal si los árboles no la hubieran amortiguado. Está en coma, en el Hospital San Marino de Génova. Y todo por haber puesto en Facebook algunas fotos burlándose de una profesora, fotos que navegaron por la red social hasta llegar al padre de otro alumno que avisó al director del centro.
Una tarde de broncas, tanto de padres como de profesores, bastó para sumirlo en la más profunda de las vergüenzas, al sentirse desbordado por la tensión, quiso ponerle fin.
Avvenire
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